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Entrevista a Marco García, Provincia de México

“El acercamiento a las personas se da 
desde la fraternidad de ser compañeros de trabajo”

 

En esta ocasión dialogamos con Marco García Ramiro, párroco de San Pedro de Cuayuca, en el estado mexicano de Puebla.

¿Cómo resuena en ti el terremoto de septiembre de 2017 en este pueblo de Cayuca?

En un día de tranquilidad, después de una mañana de trabajo, la naturaleza se sacudió en cuestión de segundos y la seguridad de tener un techo, un lugar donde celebrar la fe, pues queda reducida a nada. Inmediatamente al sismo hicimos un recorrido por toda la población para ver que los hermanos de la comunidad estuvieran bien, observando los daños materiales a las casas, sin lamentar pérdidas humanas, solo estrés por el sismo. El volver a la casa y reconocer lo que ha pasado en la casa, en el templo, no entramos inmediatamente porque persiste el miedo a las réplicas, pero los daños eran evidentes en la casa y en el templo.

Desde ese día no volvimos a hospedar la casa, con el hermano Juan Manuel Torres pues lo primero que hicimos fue buscar un lugar donde poder vivir. Experimentamos esas palabras del Evangelio de que los zorros tienen madrigueras, las aves nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza, no tuvimos nada (material) pero el cariño de las personas de la comunidad local e internacional se hizo presente.

El templo parroquial histórico ha quedado muy dañado con el sismo. Sin embargo, ya casi tenéis finalizado un nuevo templo. ¿Qué ha supuesto todo ello?

El mismo día del sismo las personas de la comunidad se organizaron junto con nosotros los religiosos para sacar las imágenes del templo, algunas con daños severos. Y la primera acción fue adecuar el espacio religioso para poder celebrar los sacramentos. Dos meses después del sismo ya se empezaba la construcción de un techado, el cual se ha ido adecuando para ser al menos en los próximos años la sede parroquial.

En este proceso han estado involucrados primero que nada los religiosos de la comunidad, posteriormente el trabajo de los laicos y autoridades civiles.

Al principio costó mucho trabajo hacer que las personas ayudaran no solo económicamente sino moralmente, afectivamente, pero poco a poco se ha ido generando los espacios para ayudar, y los laicos apoyan en todas las actividades que se han ido proponiendo.

La comunidad SSCC atiende 22 comunidades o capilla en una amplia zona rural. ¿Cuál es vuestro desafío evangelizador?

Desde lo que nos iluminan nuestras Constituciones y como parte de nuestro carisma decimos que buscamos la transformación del corazón humano. El reto evangelizador es justamente ese, la dignidad de las personas. Nuestra comunidad en su mayoría es de gente adulta, el desafío es cómo dignificar la vida de nuestros hermanos mayores, acompañándolos en sus necesidades más básicas (alimentación, salud, vivienda). Por otro lado, otro sector importante son nuestros jóvenes, las oportunidades del trabajo son pocas, y muchos de ellos tienen que migrar hacia Estados Unidos, hacia las ciudades del país, pero sin una capacitación que ayude en su trabajo. De ahí que estamos buscando la manera de capacitar a nuestros jóvenes de modo que al salir ellos ya lleven una capacitación que les abra las puertas para mejorar sus ingresos. Desafío no menor es la evangelización de la piedad popular tan importante en nuestros pueblos, hay una pobreza en el sentido religioso, en el proyecto liberador de Jesús. Hay fe en la comunidad, pero hace falta resignificar mucho de lo que se celebra y se hace en lo que concierne a la celebración de los santos.

Durante el confinamiento estuviste trabajando en el campo. ¿Cómo valoras esta experiencia?

Ha sido parte de un proceso el acercarse a las personas de la comunidad. El confinamiento trajo que no hubiera celebraciones en el ámbito religioso, aunque siempre hubo un acompañamiento cercano a las comunidades. Se presentó la oportunidad de participar en el trabajo en el campo sobre todo en un sembradío de papayas y la he vivido con mucha gratitud. El acercamiento a las personas no se da desde la jerarquía, sino desde la fraternidad de ser compañeros de trabajo.

Después del capítulo provincial del pasado mes de mayo, ¿qué es lo que más te ilusiona de cara al futuro?

Somos una comunidad que está en proceso de conversión personal y pastoral. Muchos de los cambios que necesita la provincia pasan por la opción personal que cada hermano pueda hacer desde el lugar en donde se encuentra. Y eso es lo que me ilusiona, veo hermanos que estamos convencidos del estilo de vida por el que hemos optado, así como la preocupación de la transformación de la realidad en donde nos encontramos. Y también la posibilidad de nuevos espacios de misión.

 

 

20/09/2021